A la astenia primaveral no podemos catalogarla de enfermedad, pero si sabemos que en un porcentaje de la población se presenta con una serie de síntomas que van desde el decaimiento, la fatiga o la somnolencia, hasta la desmotivación, la irritabilidad, la disminución de libido o la falta de apetito.
Está claro que la primavera tiene evidencias climatológicas diferentes, mayor grado de luminosidad, subida de temperaturas y condiciones atmosféricas con variantes de presión, humedad, y a todo esto le podemos añadir el caprichoso cambio horario, que bien sea dicho de paso no sabemos si es tan rentable, pero lo que si sabemos es que trastoca no sólo el horario del sueño, sino también el de las comidas. Evidentemente estos son motivos suficientes para que el cuerpo se vea acusado y tarde un promedio de dos semanas en el proceso de adaptación.
El individuo tan sólo tiene que mantener una buena predisposición frente a este cambio, aplicar algo de paciencia y prestar apoyo y confianza a la inteligencia inherente de su propio cuerpo. En defensa del cuerpo podemos hablar de sus magníficos relojes biológicos internos que están sujetos a los ciclos mayores de la Tierra y que son sensibles a la incidencia de la luz del Sol. Sabemos que las células de la retina son capaces de absorber los fotones solares y enviarlos como información al hipotálamo y a la glándula pineal, dándose así una cascada de acontecimientos químicos con liberación hormonal para que corporalmente haya un ajuste a la nueva situación y que el cambio que se acontece pueda ser asumido.
Mientras todo vuelve a la normalidad, en ese proceso de adaptación podemos fomentar en lo cotidiano alimentos específicos tales como: cereales integrales, incluir dos días a la semana legumbres con verduras y arroz, aumentar la ingesta de pescado azul rico en Omega 3, incluir frutas y hortalizas de temporada consumidas en crudo, asadas o en zumo, apoyarnos con infusiones, suplementos y plantas como el regaliz, la jalea real, el ginseng, guaraná, jengibre, maca o eleuterococo.
También son recomendables las actividades físicas practicadas de una forma moderada, como el Nordic Walking, la bicicleta, o natación.
Por supuesto la práctica de Yoga, que dentro de las disciplinas milenarias es la más completa abarcando a la totalidad y la complejidad del ser. Si ya eres yogui o yoguini, en este periodo debes de hacer incursión sobre todo en la familia de las ásanas de extensión y posturas de pie. Así, en las sesiones matutinas aparecerán desde la clásica Shetu Bandasana, Purvottanasana, Dhanurasana junto con la famosa Virabhadrasana y sus variantes, sin olvidaremos tampoco de las torsiones espinales para tonificar el Sistema Nervioso.
Después de superar este breve periodo de tiempo transitorio, puedes plantearte la posibilidad de consultar a un experto para que te tutele en un plan depurativo primaveral.
Y recuerda que la primavera nos llama a renacer con nuestro cuerpo, con la vida…
Permite entonces que los colores de la estación penetren por cada poro de tu piel.
ESTA PRIMAVERA ES ÚNICA EN TU VIDA
BIENVENIDA OPORTUNIDAD – BIENVENIDA PRIMAVERA

Cris Parga

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