“Motus vita est” el movimiento es vida, este axioma define perfectamente lo que nos brinda este ejercicio que “aparentemente simple” es usado en muchas clases de Kundalini Yoga a modo de calentamiento.
La columna nos da soporte y desde ese tronco central parten los pares nerviosos que como ramas de un árbol dan la vida a nuestros órganos internos. Treinta y tres dovelas la mayoría en cuña, que como imposta de arranque parten del sacro y en creciente elevación van formando arcos arquitectónicos, con clave alta y creando recamaras que albergan a piezas orgánicas de gran tamaño y peso. Este conjunto es capaz de soportar cargas propias, otras de elementos internos y por supuesto fuerzas externas como la gravedad.
La columna no es sólo nuestra parte más sólida y física albergando al reino mineral en su composición, sino también es mental y nos conduce por su flujo interno, la médula espinal, al cofre óseo más elevado donde se casan en boda mística Shiva y Shakti, lo terreno y lo cósmico. Al realizar este ejercicio hay que empezar hablando de su alineamiento. Biomecánicamente el nacimiento de esta ola de movimiento es la bascula pélvica, que desde una conciencia atenta el practicante debe de integrar e interconexionar los diferentes segmentos vertebrales. Esta dinámica nos exigirá de los controles abdomino-lumbar y mentón-cervical.
Si la postura no se realiza correctamente el cuerpo se verá sometido a un estrés biomecánico fuerte, vinculando cambios anatómicos específicos con un alto coste traumático en el segmento lumbar y cervical. Por eso, en las flexiones de columna, ni las piernas, ni los brazos, ni la cabeza están en movimiento.
Pero desde un enfoque energético, el flujo de acción partiría de una forma natural desde el punto del ombligo, proporcionando estabilidad y libertad al movimiento serpenteante.
Pero también podríamos hablar de la actitud como motor desde donde nace esa fuerza detrás de toda acción y expresión de un asana. Me refiero a la actitud del corazón que desde su máxima aspiración nos llevaría de vuelta al despertar de nuestra naturaleza mas alta y divina.
Personalmente, estoy impresionada con la magnitud de este ejercicio. Creo que es altamente terapéutico, que reconstruye y modela la estructura, que toca de fondo muchos bloqueos y nudos psíquicos (granthis). Que el movimiento ondulante establece una relación dinámica de polaridad, que brinda la posibilidad al cuerpo de equilibrar nuestras energías mentales y emocionales, liberando de los consiguientes procesos químicos que se instauran desde el campo electromagnético a nuestra fisiología.
“Puerta abierta al norte, puerta abierta al sur, puerta abierta al este y puerta abierta al oeste, que venga el viento y se lleve lo superfluo, que me deje convertido en una pura columna vertebral donde cada hueso cante como un pájaro agradecido.»      Pablo Neruda

Cris Parga

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