La tradición yóguica se remonta desde los tiempos Védicos. Los Vedhas conocían el poder del sonido, estos grandes maestros sabían que el soporte final de la materia era la vibración. Los mantras son versos extraídos de sus sagradas obras sánscritas, en concreto de la colección de himnos Védicos llamados Mantra-sanguitâ. Su antigüedad no está clara, y los orientalistas no determinar un tiempo para datarlos, sin embargo los bramanes de una forma unánime asignan al nacimiento de sus libros religiosos la fecha de 3100 a.C. También nos cuentan que estos himnos anteriormente fueron enseñados oralmente por millares de años atrás y que a orillas del lago Mânasa-Sarovara fueron compilados. El modo de sanscrito en que están escritos es tan antiguo que esta obra literaria contiene lo que se ha denominado “hermana mayor” de todas las lenguas conocidas. Así los mantras son verdaderas formulas místicas, combinaciones de palabras rítmicamente dispuestas mediante las cuales se originan ciertas vibraciones que producen efectos internos.

A esta ciencia antigua se la conoce como mantra-gandaka, se sabe que cada sonido en el mundo físico despierta un sonido correspondiente en los “reinos invisibles” e incita a la acción a otras fuerzas en las profundidades de la naturaleza. Los Vedhas concebían el sonido como la primera y más potente llave para abrir la puerta entre lo visible y tangible, con lo invisible e infinito.

La palabra mantra está formada por la raiz sanscrita man: pensar, mente, y tra: que proviene de trai, se traduce como liberar, proteger o expandir; de esta forma el mantra es utilizado para alcanzar la supresión de la inestabilidad de la mente y dirigirse en meditación desde la intuición a una conciencia unificadora.

Los Upanishad hablan que la recitación de mantra es al recitación de mâtra, como un periodo de tiempo aplicable a la duración de un sonido, con una medida, tamaño, límite, cantidad y calidad de verso. Los mantras entonces van del lenguaje sacerdotal y mistérico, a cobrar vida desde otra dimensión de “matriz” en tanto que son conjuntos de expresiones dispuestos en un orden matemático formal.

Este discurso divino cifrado era la herramienta mágica de los brahamanes, posiblemente fueron los únicos que la comprendieron en profundidad y la mantuvieron en su carácter original.

En la actualidad los mantras acompañan tanto en las clases de yoga (mantra-yoga), como en las practicas individuales, que cantados, verbalmente recitados o meditados en silencio, vienen usándose estos como trampolín de ayuda en la maduración espiritual. En otras palabras: para el sâdhaka, el mantra se convirtió en instrumento de autorrealización.

En Kundalini Yoga los mantras están escritos en un alfabeto propio que es el gurmukhi, es empleado únicamente con fines religiosos. Su creación es atribuida a los Diez Gurús, donde dejan por escrito en el Guru Granth Sahib su legado de sabiduría para las humanidades venideras. Estos sabios pusieron letras a su lengua, el punjabi de la tierra del Punjat.

Al gurmukhi se le considera un refinamiento literario, siendo este el más parecido al sánscrito y teniendo una correspondencia de un 60% de sus palabras en idéntico contenido, identicas expresiones y significados. Así esta lengua se sanscritiza de su raíz madre y a día de hoy es hablada y recitada por millones de personas.

Dentro del mantra se encuentran sílabas con notas fundamentales, que a modo de “semillas mágicas” se les denomina mantra-bîja. A través de la recitación repetida o japa mantra y con la debida meditación sobre el significado de las palabras o sílabas recitadas las semillas van quedando en la conciencia germinando y produciendo un efecto determinado.

Para la recitación del mantra también se realizan practicas concretas con ayuda de un soporte físico que se llama mala, termino sanscrito que significa guirnalda. Es una sarta compuesta por 108 cuentas con una cuenta extra más llamada bindu (gota), es un poco más grande a las demás y termina en el fleco del cordón que las une a todas. Se fabrican principalmente de maderas de olor, como sándalo, palo de rosa, piedras semipreciosas, tulsí o semillas del árbol rudrâksa (ojo de Shiva). A estas dos últimas se le atribuyen propiedades medicinales. Siendo la semilla de rudrâksa considerada sagrada por los hindúes, y no es de extrañar, ya que durante miles de años fueron un fenómeno en el campo espiritual. Se sabe de ellas que contiene una bacteria que combate inflamaciones, infecciones y otros problemas de salud física. La bacteria se encuentra en estado de suspensión de vida mientras está seca, y se reproduce al humedecerse por el contacto con la piel. Como rosario curioso citar aquí el usado por los Sikh, hecho de lana, sin cuentas y con 108 nudos.

El mala se coge con la mano dominante, con los dedos pulgar y corazón, deslizándose cuenta a cuenta recitando el mantra en cada una. Cuando se recita 108 veces se cuenta como una ronda de japa. Llegada la cuenta 109 se salta sin tocar. De esta forma simbólica recordamos la devoción sagrada al maestro, el respeto y beneración al Gurú.

El número 108 no es caprichoso en el rosario hindú, a él se le da todo un sentido místico lleno de representaciones y referencias tales como los 108 nombres sagrados de Vhisnu y los de la Madre Divina, las 108 gopis (pastoras alrededor de Krisna), es también el número de los principales textos Upanishad. Otra interpretación analiza cada cifra y da sentido: el 1 representa al practicante, el 8 a las ramas del Ashtánga Sádhana, el 0 a la filosofía que integra a ambos. 108 puntos marma corporales, las 108 formas sagradas de danza tradicional india, son muchas las correspondencias…

No puedo dejar tampoco de citar la repercusión que produce el Naad Yoga en la reflexología de los 84 puntos del paladar, la estimulación de la pituitaria, el estímulo sobre el X par craneal (el nervio vago), la activación de ondas cerebrales Teta, la maduración del cuerpo calloso o la conexión interhemisférica cerebral. A todo esto la ciencia le queda mucho que revelar para darnos respuesta.

Como dato histórico quiero resaltar en el siglo XVIII los trabajos del visionario científico y músico Hermes Chlatni. Que de una forma sencilla con una hoja de papel, un poco de arena y el arco de un violín, recoge y documenta más de 30 imágenes geométricas nacidas de diferentes acordes, revelando de esta manera como afecta y repercute la música en la materia. Más actualmente en los años 60 Hans Jenny con generadores de frecuencia sobre placas de metal vuelve a mostrarlo; y el recientemente fallecido Masaru Emoto investiga y publica su bibliografía de Mensajes del Agua donde constata como es condicionada la sensibilidad de la vida por nuestra falta de conciencia.

Para terminar reflexionando sobre lo anterior expuesto puedo concluir recordando a los estudiantes sobre los evidentes modelos concebidos en la creación, sujetos todos a una organización evocada por los ritmos inteligentes del universo, la Música de la Esferas ya nos envuelve. De ahí que se pueda afirmar que el SONIDO ES CREADOR, y que frente a una vibración ordenante, por pequeña que sea esta, el conglomerado de átomos de cualquier cuerpo danza en un reordenamiento tal que la practica del mantra se puede contemplar como una exquisita herramienta en el propio arte de afinarse.

“Cuando el hombre trabaja Dios lo respeta, cuando el hombre canta Dios lo ama.”

 Rabindranath Tagore

Cris Parga 

                                                                

3 thoughts on “MÁNTRICA, recitando textos sagrados”

  1. Precioso Cris, me encanta, de hecho me encantaría hacer mi proyecto sobre mantrica, así que posiblemente me apunté bien este artículo 😄. Gracias

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