Inhalar… exhalar…, un acto rítmico de dos polaridades inseparables e interdependientes. Un polo no puede vivir sin el otro, y la ausencia de uno provocaría la desaparición del contrario. Los dos polos se compensan y juntos forman un todo. Juntos forman un ritmo que es la base de nuestra vida.

La respiración nos habla en muchas dimensiones: una de ellas, la más básica, es contracción-relajación, y esto establece la relación natural de inhalación-contracción y exhalación-relajación.

El cuerpo utiliza esta función central como proceso de intercambio. En una inhalación el oxigeno que hay en el aire es conducido a los glóbulos rojos y en la exhalación se expulsa el anhídrido carbónico; aunque a este acto no se le puede definir tan superficialmente, encierra también toda una dimensión psicológica de tomar y dar, de acoger y soltar, de ser y estar…

En la sabiduría hindú a la respiración se la concibe como la portadora de vida, y al hálito supremo, como al alma capaz de dotar a la criatura de Prana o fuerza vital. Esta alegoría oriental recrea bellamente cómo al cuerpo material y a su forma, se le infunde algo que va más allá de lo terreno, siendo la materia insuflada e inundada por un aliento divino.

La realidad es que la respiración actúa en nosotros pero no nos pertenece. El aliento no está en nosotros, sino que nosotros estamos en el aliento. Así, por medio del aliento, nos hallamos constantemente unidos a algo que va más allá de lo meramente visible creado y más allá de la forma. El aliento establece un enlace de unión con el ámbito metafísico haciendo que esta dimensión nos envuelva y podamos tomar conciencia de esta otra nuestra “invisible realidad”.

Pertenecemos entonces y estamos sumergidos en algo que definimos vida, pero al que también nos podríamos referir como al secreto supremo inexplicable o simplemente al misterio de LA VIDA con mayúsculas. De tal manera, que para descubrir y experimentar este misterio, no nos queda otro remedio que abrirnos y dejarnos inundar por él.

La respiración es un acto espiritual*, un puente con el infinito y es también el cordón umbilical por donde la vida nos penetra y viene a nosotros. La respiración hace que el complejo sistema corporal se autoajuste y actualice para permanecer adaptado al PRESENTE y que nos mantengamos en UNIÓN y en RELACIÓN, en un TODO.

El respirar como acto natural impide el cierre o asilamiento humano rompiendo la frontera a veces impenetrable de la personalidad, del yo ilusorio. En una sola inhalación la ruptura del encapsulamiento del yo desaparece para dar lugar a un espacio unificador de conciencia pura donde de una forma simple SOMOS.

La respiración nos une con el TODO, y nos une a los unos con los otros, nos guste o no en un NOSOTROS. La respiración nos habla de contacto; la respiración viene de fuera, pero es capaz de tocarnos las entrañas de una forma sutil y relajada. La superficie de los pulmones es diez veces más grande que la de la piel, así que es imposible no ser tocado o pretender acorazarse frente a este hecho creyendo que vas a salir intacto.

Cada respiración establece un contacto inmediato, directo, obligatorio e ineludible con la VIDA. Un contacto al que ofrecer resistencia nos llevaría como mínimo a un espasmo respiratorio y como máximo a la irremediable muerte. Al que le falta el aliento, el que se ahoga, el ansioso, el decaído se está autoexcluyendo y se le está olvidando o tiene falta de comprensión que en este ámbito hay ABUNDANCIA para todos!

También tenemos que recordar que recibimos en la medida en que damos, sólo es cuestión de inhalar amplio de la vida y si se puede, alentar también al que tenemos al lado. Que de una respiración despierta surge la PRESENCIA del espacio amplio, donde la CONSCIENCIA y la SENSIBILIDAD son notas inherentes de nuestra propia naturaleza.

“Que seamos capaces de desarrollar nuestros potenciales latentes en este ámbito, porque la vida necesita inspiradores.”

“Que la respiración como ineludible vínculo nos sostenga y conecte con la naturaleza de la realidad.”

Cris Parga

*Respirar viene del latín spirare y espíritu de spiritus, raíz de la que se deriva inspiración.

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