Este hermoso arbusto de tallo leñoso espinoso y de flor tubular y delicada lleva por nombre el apellido del navegante y explorador francés Luis Antonio Bougainville, que fue quien la descubrió en Brasil y afortunadamente, para nuestro deleite, nos la trajo a Europa.

Esta trepadora baña nuestro Mediterráneo con sus bellos colores intensos tapizando con su espectacular floración patios, balcones y fachadas. La mayoría de las veces la usamos de modo ornamental, pasando totalmente desapercibidos sus usos y propiedades terapéuticos y medicinales.

Desde el estudio en profundidad con un análisis fitoquímico tenemos que resaltar que la Buganvilla muestra presencia de diversos fitocompuestos como alcaloides, taninos, saponinas y flavonoides. De ahí sus cualidades fitomedicinales.

En uso interno tiene propiedades antimicrobianas, siendo ideal como expectorante, febrífuga y antitusiva en enfermedades de vías respiratorias tales como asma, bronquitis, gripe o tos ferina.

Sobre el aparato digestivo hay que resaltar su validez en enfermedades gastrointestinales como antidiarreico o laxante (en el primer caso se usan las flores, en el segundo las raíces), antiinflamatorio, antiácido estomacal y depurativo hepático. Es un buen tónico de los vasos sanguíneo.

Tópicamente por sus propiedades antibacterianas y antisépticas se emplea como tratamiento de enfermedades supurativas de la piel, disminuyendo la secreción; es también un tónico ideal en acné.

Como curiosidad contar que de una forma popular ancestral a la buganvilla se le atribuyen propiedades “mágicas”, siendo plantada en la entrada de las casas para limpiar y equilibrar las energías de los habitantes anteriores o de experiencias antiguas; y bebida, es usada como “elixir” que otorga visión interna para modificar patrones de conducta que no son eficaces, a saber…

De una forma o de otra, lo que os puedo afirmar es que beber su infusión es todo un placer para los sentidos.

Aquí os dejo como hacerla:

INGREDIENTES

  • Un puñado pequeño de flores frescas de Buganvilla
  • 1 cucharadita de miel ecológica
  • 300ml de agua

Lava las flores recién recogidas, pon los 300ml de agua en un cazo y cuando rompa a hervir retíralo del fuego. Introduce las flores y tapa el preparado dejándolo reposar 5 minutos. Pasado este tiempo destapa y podrás observar que el agua a tomado el color de la flor (decir que esta especie tiene diversos colores que van desde el morado, fucsia, rojo, rosado hasta el anaranjado o el blanco). Cuela después y sírvelo en una taza con la cucharadita de miel.

En afecciones respiratorias se toma este preparado tres veces al día durante tres días seguidos. Si lo usas de tónico, no lo endulces, simplemente déjalo enfriar y aplícalo con una gasa estéril sobre la zona a tratar. Abstenerse de tomarlo embarazadas y niños.

Cris Parga

 

 

 

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