Esta gran fruta de temporada veraniega y sabor dulce tiene su historia.

Durante el III milenio a. C. en el Antiguo Egipto ya se cultivaba y su uso medicinal aparece presente en la “Capitulare de villis vel curtis imperii”, donde Carlomagno en su acta capitular ordena cultivar en los jardines reales melón y toda la familia botánica de las Cucurbitáceas, sandía, calabaza, pepino y otras. El melón desembarca en España llegando al puerto de Cartago Nova, la actual Cartagena, donde los romanos dominaron su cultivo. También los musulmanes se dejaron embriagar por esta fruta, y tenían la creencia que quien se saciase el estómago con melones, se llenaría de luz.

En nuestra actualidad podemos encontrar en el mercado variedades de melones sugerentes, desde el tradicional Piel de Sapo dulzón de carne firme, al Galia, Amarillo Canario o el Cantalupo de carne anaranjada.

A nivel nutricional es muy bajo en calorías y grasas, pero muy alto en minerales y vitaminas.

Es la fruta en más alto contenido de Vitamina A, excelente para las mucosas, piel y poderosa antioxidante. Ofrece flavonoides protectores de radicales libres, lo que propicia una reducción de patologías de páncreas, colon y mama.

Las variedades de melón de carne más naranja contiene carotenos, capaces de evitar la degeneración macular y mejoran la visión.

Debido a la presencia de magnesio y potasio su consumo es ideal para evitar enfermedades coronarias.

El melón contiene fósforo, un mineral esencial para el crecimiento y desarrollo de todas las células del cuerpo. Necesario para nuestros huesos y principal para nuestros dientes.

La Fundación Española de la Nutrición lo recomienda en estados de deshidratación acompañados por perdidas de minerales (diarreas, crisis febriles, sudoración abundante), es la fruta ideal tras la practica de deporte.

Se puede tomar por un día entero haciendo una pequeña cura depurativa sólo de melón. Su efecto diurético ayudará al cuerpo a deshincharse, a eliminar los excesos de residuos tóxicos y a estimular la función renal.

A la hora de elegirlo, mira que esté firme, que pese, que suene compacto, que tenga rayas en la piel de 1 a 3 milímetros, y sobre todo que desprenda un aroma dulce.

Mi sugerencia para disfrutarlo:

Toma ¼ de melón, quítale la piel, corta en porciones pequeñas y ponlo en un tarro de cristal.

Haz una infusión de anís estrellado y cuando esté fría añádeselo al tarro hasta cubrir el melón. Pon algún clavo de olor.

Déjalo en la nevera hasta que se enfríe.

Después sirve en un tazón y decora con alguna hoja de menta fresca.

Espero que lo disfrutes!

Cris Parga

 

 

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